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A continuación expongo un artículo un tanto revisado y ampliado que
escribí en agosto de 2018 para la revista digital El Ojo Crítico. Dicho
artículo se publicó el 3 de marzo de 2020. Expongo aquí en enlace.
En dicho artículo refuto la hipótesis de la obtención de la imagen de
la Sábana Santa mediante la proyección del cuerpo sobre la tela como
resultado de una radiación.
También coloco en esta entrada una entrevista que me hacen respecto al
tema en el programa El Secreto de la Caverna, antiguo programa de Onda
Campus que emitía en Canal Extremadura. Mi intervención aperece en el
minuto 41.
La
Sábana Santa es una tela de lino que nos muestra una imagen de un
hombre que revela las trazas de las heridas que sufrió Jesús de
Nazaret en el momento de la Pasión tal como aparecen recogidas en el
Nuevo Testamento. Mide 436 cm por 113 cm, se encuentra en la Catedral
de San Juan Bautista de la ciudad italiana de Turín y se cree por
parte de muchas personas que fue la tela que envolvió al personaje
en el momento de su muerte y resurrección. La autenticidad de esta
tela siempre ha sido tema de discusión entre teólogos, periodistas
y científicos, creyentes o no creyentes. Es un tema que siempre me
interesó desde que viví el momento de su datación por el
radiocarbono, allá por finales de los ochenta, y que de forma
intermitente me suscita el interés cada vez que es asunto de debate
en cualquier medio de comunicación.
Una
de las hipótesis que vengo escuchando en los últimos años y que
está muy en auge por parte de los que defienden la autenticidad de
la reliquia es la que señala que la imagen que se muestra es el
resultado de la proyección del cuerpo de Jesús sobre la tela que,
debida a una radiación emitida desde el propio cuerpo, alteró la
estructura de esta hasta el punto de dejar una imagen representada.
Con esta hipótesis se ha pretendido al mismo tiempo dar a entender
que la Sábana es una prueba de la resurreción, ya que fue generada
por un hecho milagroso, como es el caso de una radiación. El texto
que escribo en estas páginas argumenta que la hipótesis de la
proyección como procedimiento para representar la imagen no tiene
sustento, aplicando los conceptos básicos de geometría proyectiva
que se ponen en juego cuando se pretende proyectar una figura en
cualquier sistema de representación. Mi artículo contradice dicha
hipótesis, no con tal o cual investigación de tal científico que
se ha equivocado o no en su investigación, sino con conocimientos
que aporta la geometría correctamente fundamentados que hacen que la
argumentación en su contra sea verdaderamente difícil.
Comenzaremos
casi por el final, señalando que si el resultado de la imagen que
nos aparece en la Síndone ha sido el producto de una proyección, se
debería cumplir lo siguiente:
Primero:
el cuerpo tendría que quedar suspendido en el aire, estando este
separado al menos unos centímetros de la tela que lo envolvía y
dispuesto de forma paralela a la tela.
Segundo:
la tela tendría que estirarse por completo, quedando completamente
plana y en disposición paralela al cuerpo, por encima y por debajo
de este, y formando una especie de C alargada, ya que es de una sola
pieza.
Tercero:
el cuerpo debería emitir una radiación lineal, que pueda generar
una proyección hacia arriba y hacia abajo sobre la tela, ya que son
dos imágenes, dorsal y frontal, las que aperecen reflejadas.
Y
cuarto, que dicha proyección debería ser obtenida mediante rayos
paralelos entre sí y perpendiculares a la tela donde se proyecta; lo
que se llama en geometría comúnmente una proyección cilíndrica
ortogonal.
He
escuchado a muchos que defienden esta hipótesis diciendo lo que he
expuesto en el párrafo anterior, quizás no de una forma tan
completa, rigurosa y con tanta terminología. Dicha hipótesis se da
demasiado deprisa, sin pensarse demasiado y sin caer en la cuenta de
todo lo que hay detrás de ella, que es lo que pretendo explicar
punto por punto, como viene a continuación.
En
primer lugar tenemos que decir que si estamos ante una imagen
obtenida mediante la proyección de rayos emitidos por una radiación
que parte de un cuerpo, nos encontramos ante un tipo de radiación
lineal, que daría como resultado una proyección sobre un
soporte, en este caso una tela. Un ejemplo muy ilustrativo lo tenemos
en la ilustración que viene a continuación. La luz es una radiación
electromagnética y como consecuencia de ello es una radiación
lineal. Si viene de una fuente artificial, la emisión de la
radiación viene de una zona puntual de la bombilla incandescente.
Esta se manifiesta de forma lineal, generando rayos de proyección
que al ser interrumpidos en su trayectoria por una mano, esta
manifiesta su proyección en forma de sombra generando una silueta
ampliada sobre el soporte que haya después, en este caso una mesa.
Por otro lado si viene de la luz solar, la fuente de emisión, el
sol, está tan lejano que los rayos de proyección se consideran que
nos llegan paralelos entre sí. En este caso la proyección de la
mano sobre el soporte posterior, en este caso la pared, no manifiesta
ninguna alteración en su magnitud en relación al objeto real, que
es la mano.

Este
ejemplo que he puesto viene muy bien para definir los dos únicos
casos que pueden existir si queremos representar de forma definida un
objeto de tres dimensiones sobre un plano de dos dimensiones, usando
el recurso de proyectar el objeto sobre dicho plano, a saber: la
proyección que se manifiesta con la lámpara se denomina proyección
cónica, denominada así porque los rayos de proyección parten
de un punto centro de emisión, llamado centro de proyección, y los
rayos de proyección se asemejan a las rectas generatrices de un
cono, siendo el vértice de este el centro de proyección. La
proyección que resulta de la luz solar se denomina proyección
cilíndrica, ya que se asemeja al conjunto de generatrices que
tendría un cono si su vértice estuviese muy lejos, en el infinito,
generándose un cilindro y siendo estas paralelas entre sí.
Detallemos
en primer lugar lo que es la proyección cónica. Un ejemplo
más riguroso de lo que es este
tipo de proyección lo ofrecemos en la ilustración siguiente,
utilizando un cubo como objeto dada su sencillez para mostrar las
tres dimensiones. En dicha ilustración vienen descritos los términos
que se emplean habitualmente en geometría, como son: el centro de
proyección C, los rayos de proyección que atraviesan el
objeto real, el plano de proyección donde se proyecta la imagen al
incidir o seccionar los rayos en él y la proyección del objeto.
Como vemos, la figura resultante en una proyección cónica es de
mayor tamaño que la del objeto real, ya que los rayos de proyección,
al expandirse, aumentan la imagen proyectada en relación con el
objeto.
Es
de interés señalar que si hablamos de proyección como
procedimiento para obtener una imagen en la Sábana Santa, es la
proyección cónica el tipo de proyección que es coherente con la
naturaleza que nos ofrece el fenómeno de la radiación desde un
lugar concreto, pues la radiación no viene del infinito, como
veremos más adelante, sino del propio cuerpo que está en un lugar
finito, concreto, entre la Sábana. Sin embargo la proyección
quedaría ampliada, es decir, no nos vale para justificar la imagen
que sale en la Síndone, la cual no ha quedado ampliada, sino que
mantiene las proporciones del cuerpo real. De todas formas he de
decir que si consideramos que la radiación parte del cuerpo, deberá
partir de algún punto interior de él, por ejemplo unos 8
centímetros por debajo del plexo solar. Al estar el centro de
proyección dentro del cuerpo los rayos de proyección que pasan por
cada punto del cuerpo y terminan en la Síndone saldrían en todas
direcciones con una angulación tan abierta que sería imposible que
cupiese imagen alguna. No habría tela de suficiente tamaño que
pudiese abarcar la proyección del cuerpo, con la consideración
además de que muchos rayos de la proyección se perderían por los
laterales. El resultado, además, sería un fragmento de imagen
completamente deforme con una anamorfosis tal que sería
prácticamente irreconocible. He expuesto un caso extremo, con un centro
de proyección en un punto, pero el efecto sería similar si el centro de
emisión de rayos fuese en conjunto de puntos que componen el cuerpo en
general. El cuerpo emitiría también una proyección radial en múltiples
direcciones. Como ejemplo pongo la emisión radial que parte de una
bombilla incandescente (podría ser un punto centro de emisión) y la
emisión radial de un tubo fluorescente (podría ser un cuerpo centro de
emisión). Como conclusión diremos pues, que
curiosamente, el tipo de proyección más coherente para justificar
una proyección cuyo origen de proyección parte de un cuerpo
concreto no nos sirve. Ponemos un ejemplo en la ilustración de
abajo, también con un cubo.
En
la ilustración se ve como el centro de proyección C se ubica
dentro del cuerpo geométrico y cómo entrarían dentro del soporte
solo la arista posterior AB del cubo. Las aristas que
convergen en estos puntos ni siquiera podrían verse al completo
dentro del plano de proyección por muy grande que este sea, que en
el caso que nos ocupa sería la tela.
Veamos
ahora en qué consiste un proyección cilíndrica.
En una proyección cilíndrica los rayos de proyección son paralelos
entre sí, estando pues el centro de proyección C
en el infinito. El caso más general y sencillo es el que ofrecemos
en la imagen que se adjunta a continuación, en donde se ha tomado
como objeto para proyectar un simple triángulo para que se entienda
con más claridad la proyección. Se ha colocado este en la posición
más general, oblicua respecto al plano de proyección. Los rayos se
disponen también de forma oblicua respecto al plano de proyección.
El resultado es una imagen que no queda ampliada, pero sí deformada
y con el riesgo de que la proyección se salga del plano de
proyección, pues los rayos son oblicuos. Este tipo de proyección
recibe el nombre de proyección cilíndrica
oblicua.

Vayamos
ahora a un caso particular, que es al que queremos llegar en este
artículo: la proyección
cilíndrica ortogonal. Esta proyección constituye un caso
particular de la proyección cilíndrica. Los rayos de proyección,
además de ser paralelos entre sí, cumplen también la condición
de orientarse perpendiculares al plano de proyección, formando cada
uno de los infinitos rayos un ángulo de 90º con el plano donde se
proyecta la figura. Es muy importante señalar que estamos ante el
único tipo de proyección en donde la forma que se proyecta coincide
en forma y magnitud con la proyección generada, pero para ello la
forma ha de estar dispuesta en posición paralela al plano de
proyección. En la ilustración inferior ofrecemos un ejemplo,
nuevamente con un triángulo, que se dispone además de forma
paralela al plano de proyección. Fijémonos cómo en este caso no
hay riesgos de que la proyección se salga del plano de proyección.
Si además el triángulo se ha orientado en disposición paralela al
plano de proyección no habría ninguna deformación en la
proyección.

Visto
esto y atendiendo a lo que nos muestra la Sábana Santa de Turín: un
cuerpo con las mismas proporciones que el cuerpo real, y si
consideramos que la imagen obtenida es producto de una proyección,
sería el empleo de la cilíndrica ortogonal el único procedimiento
al que habría sido sometido el cuerpo, ya que es la que no genera
deformaciones en la magnitud, y genera al mismo tiempo la mínima
cantidad de anamorfismos. Para que esto ocurra repito lo indicado
al principio del artículo; el cuerpo deberá disponerse en la
posición en donde éste muestre sus principales características de
la forma más paralela posible al lienzo donde se proyecta, es decir,
de forma frontal y dorsal. Ponemos un ejemplo muy sencillo en la
imagen siguiente.

Será
fundamental que el cuerpo se disponga de forma dorsal y frontal en
disposición paralela al lienzo. Fijémonos bien en la ilustración
inferior, en donde el cuerpo se dispone, no de manera frontal, sino
oblicua respecto al plano de la tela. El resultado sería una imagen
deformada en proyección por muy cilíndrica y ortogonal que fuese.
En
la figura siguiente mostramos de forma gráfica la única opción que
se puede concebir para que salga la imagen en la sábana si
consideramos que fue producto de una proyección . Como vemos, el
cuerpo tendría que estar dispuesto entre la Sábana a modo de
“sandwich” y de forma lo más paralela posible, generándose dos
radiaciones en sentido opuesto que generan dos proyecciones
cilíndricas ortogonales, una hacia arriba y otra hacia abajo.
Debemos señalar que siempre habrá zonas del cuerpo que se
dispondrán oblicuas a los planos de proyección, no mostrando su
verdadera forma y magnitud. Algo que ocurrirá cuando más se
acerquen las zonas a los costados.

Para
concluir con este apartado tengo que decir que si el fenómeno
reflejado en la Sabana Santa se ha producido mediante el
procedimiento de una proyección provocada por una radiación lineal
que da como resultado una proyección cilíndrica ortogonal, esta
sería también bastante inverosímil, ya que tendría dos centros de
proyección opuestos y en el infinito con el objeto de generar dos
direcciones de los rayos de proyección opuestas entre sí, una hacia
arriba para proyectar la vista frontal y otra hacia abajo para la
dorsal, las dos con rayos paralelos y perpendiculares a los lienzos.
Estamos
ante una manera de proyectar tan enrevesada, que a mi entender no es
coherente con la naturaleza de lo que es una proyección. Tendríamos
incluso que disponer el fenómeno a la inversa, es decir, que la
proyección parta del cuerpo siendo cilíndrica y no desde dos puntos
exteriores y opuestos en el infinito. También tendríamos que creer
que además reparta sus rayos de forma paralela ortogonalmente y a
la vez hacia arriba y hacia abajo, siendo el emisor una suerte de
plano que seccionaría el cuerpo en dos partes como si seccionáramos
un coche de forma horizontal por los faros. Una proyección que
además no ha generado una simple silueta monocroma o que no ha
reflejado en un momento dado los órganos interiores del cuerpo, sino
que ha generado justo lo que interesa: una imagen exacta de la
superficie exterior del cuerpo, como si la tela no fuese solamente un
plano de proyección, sino un soporte que además transmite una
imagen especular del exterior del cuerpo.
Opino
sencillamente que todo esto no tiene sustento, añadiendo además que
estaríamos a mi manera de ver, ante una una proyección
que de alguna forma connota la intencionalidad manifiesta por parte
del cuerpo de dejar una imagen.
El cuerpo no solo se irradia, sino que lo hace de una forma muy
particular e inverosímil con el objeto de que quede su imagen
reflejada para la posteridad y se reconozcan las huellas de la
Pasión.
A
pesar de todo lo explicado anteriormente supongamos que se menciona
la hipótesis de que la imagen es producto de la emisión
de un cuerpo radiactivo que emitió una radiación corpuscular desde
todos sus puntos por medio de partículas moviéndose a gran
velocidad. En este
caso estamos ante un cuerpo que emitiría radiaciones de forma
radial, expansiva, parecida a la proyección cónica pero sin un
centro exacto de proyección, en múltiples direcciones, dando como
resultado una imagen completamente desordenada, difusa,
indistinguible y con puntos proyectados que también se saldrían de
la tela. No existiría una proyección coherente y probablemente ni
siquiera se podría obtener una imagen clara. También resultaría difícil
creer que las partículas se emitieron desde los infinitos puntos del
cuerpo, y que todas ellas tomaron una direcciones paralelas entre sí
y ortogonales al plano del lienzo, repito, con la finalidad de dejar
reflejada una imagen reconocible.
Para
terminar añado otro argumento más en contra de la proyección como
método de obtención de la imagen.
Al
despegarse el lienzo del cuerpo y al ser este de una sola pieza,
tomaría una forma de C alargada provocando una curva que rodearía
a la cabeza, quedando despegada de ella. Eso significa que el
arco que hace la tela en la zona de la cabeza debería tener un radio
lo suficientemente grande como para que las proyecciones frontal y
dorsal de la cabeza estuviesen separadas al extenderse el lienzo un
mínimo de unos 40 centímetros. Sin embargo en el lienzo, las dos
representaciones frontal y dorsal de la cabeza se muestran poco
separadas, con una distancia aproximada de unos 14 centímetros. Si
la hipótesis de la proyección se tomara por válida tendríamos que
admitir que el hombre representado en la Sábana Santa tendría
que tener la cabeza aplastada con el fin de que el radio del arco que
forma de tela al doblarse fuese más pequeño, se pudiese hacer la
proyección y así obtener como resultado una distancia corta entre
las dos representaciones de la cabeza.
Adjunto
a este texto otra imagen explicativa. En la imagen no se ha
introducido más la cabeza dentro del arco que forma la tela pues
entonces saldría la cabeza distorsionada en proyección al ser esta
proyectada sobre una parte de la tela que estaría curva.
Las
ilustraciones explicativas mostradas son originales del autor del
artículo menos las extraídas de Wikipedia, que son de dominio público..
Agosto de 2018.